Convencí a mis amigos Ernesto y Miguel para que me llevasen. Elegimos la fecha, este domingo pasado, pero no pudimos elegir la metereología. Cargué con la cámara porque tenía pensado hacer unas cuantas fotos desde la Ercina hasta la cumbre de La Robliza, pero la intensa niebla con que nos tropezamos, ya a la altura de la vega del Texu y la velocidad que imprimió Ernesto a la subida me hizo desistir. En la fuente Espines dudamos si seguir o dar la vuelta, la niebla era tan densa que a veces a cinco metros no se veía tres en un burro.
Miguel no lo tenía nada claro, los lugares por donde nos íbamos a meter son los sitios más propicios de todo el Cornión para perderse incluso sin niebla. Ernesto que conoce estos parajes estupendamente, dijo que siguiésemos. Miguel y yo confiamos en él. Me vino a la mente el nombre de una calle de Oviedo situada en la parte antigua, que se llama “Salsipuedes”. En realidad el viaje hasta el collado Llambredas, debido a la adversa climatología, se hizo bastante penoso, nada que observar, nada que retratar.
Dos fotos de La Robliza del año pasado
Ocho de la mañana en el lago de la Ercina, nublado y mala pinta. De tarde cuando regresamos llovía guapamente.
Ni una gota de aire que barriese la espesa niebla, confiábamos que más arriba despejara.
No perdimos la esperanza en ningún momento. sólo con pensar en la arista de la Robliza se me ponían los pelos como escarpias.
A la altura o entrada de las Vegas de Aliseda. ¡ Que miedo!
Insólitamente, como por arte de magia despejó un poco a la altura del Collado los Tiros.
A las doce del mediodía llegamos por fin al Collado Llambredas. La visibilidad un poco mejor, pero sin conseguir otear claramente la gran arista.
Espero que Ernesto y Miguel se adelanten para poder hacer algunas fotos y reflejar la perspectiva y la escala.
Con la mente clara, la adrenalina saliéndome por cada uno de los poros y los cinco sentidos en guardia, los sigo a cierta distancia.
Un traspiés y no lo cuento. ¡Siempre tres puntos de apoyo!...les grito.
Me detengo un momento, poso la mochila y saco otra vez la cámara de fotos para fotografiar hacia el Norte, abajo Collado Llambredas.
Hacia el Sur, Hoyo de la Robliza.
De frente Miguel y Ernesto apenas los distingo entre la neblina.
Pegados a la roca como si la vida pendiese de un hilo, no soltamos la mano hasta estar bien seguros que la roca no se mueve.
Inicio la penúltima trepada en solo integral.
foto de Miguel.
Aquí disfrutando como un güaje el día de Reyes. Llegando a la cumbre en el paso más complicado de toda la escalada.
Foto de Miguel.
Ya estamos en la cumbre de la Robliza. Todo maravilloso aunque no podamos contemplar ningún paisaje, ni la Garganta del Cares, ni el Jultayu, ni la canal del Agua, pero valió la pena.
Debajo del gran jito de la cumbre hay un cubilete de un carrete de fotos. Sacamos el papel y leemos: Aquí estuvo el Moscón de Grado. ¿Será el que yo pienso? ¿El que está desaparecido hace un tiempo? ¿Estuvo aquí el Gran Trasgugrao?
Estudiamos el camino de regreso no sin antes hacerle una visita a la Verdilluenga.
Hago la última foto. desde la cumbre de la Robliza retrato la salvaje arista, a la derecha está nuestro camino entre las tinieblas. ¿Llegaremos a la Ercina...?
Llegamos sanos, llegamos más amigos.

