Huyendo de la marina asturiana, invadida desde hace casi dos semanas por una niebla pertinaz, nos encaminamos hacia la Liébana, buscando el sol y la calidez con los que casi siempre nos recibe. Pero esta vez cuando dejamos atrás el desfiladero de la Hermida, allí seguía esa compañera que nunca es bienvenida y que tantas veces se hace presente en nuestras montañas ... la NIEBLA, aderezada además con una tormenta que había dejado grandes charcos en la carretera.
El desánimo hizo mella en nosotros, el itinerario que pretendíamos acometer no era el más apropiado para hacerlo a ciegas, ya que hasta enhebrar la canal de las Grajas era necesario tener ciertas referencias visuales que lógicamente no las veríamos si seguía persistiendo este mal tiempo.
Llevabamos anotaciones del recorrido que había publicado en el Foro Dumbi, al que desde aquí damos las gracias, y finalmente decidimos que si el tiempo no mejoraba iríamos a investigar y volveríamos por el mismo camino.
En la mañana del Domingo, tuvimos una cierta esperanza, ¡incluso se veía un poco de cielo azul! ¡Bien! puede que incluso disfrutáramos de sol y de algunos jirones de niebla que realzarían tanto todas estas agrestes cimas y crestas que caen a plomo sobre los verdes prados lebaniegos. Pero todo quedó en eso... una esperanza.
Al llegar a las Cabañas de Lon reconocemos, tal y como vimos en una foto de Dumbi, los restos del nevero que abre las puertas a la Canal de Malluengo. Sin cruzarlo remontamos por la ladera que tenemos a nuestra derecha con la intención de ir ganando altura por fuera de la Canal.
En este punto estuvimos a punto de claudicar… mirábamos hacia arriba y apenas vislumbrabamos algo, solo contornos fantasmagóricos, pero como todavía era temprano decidimos seguir para arriba mientras el terreno nos fuera favorable.
A medida que leíamos las anotaciones, intentábamos reconocer el lugar donde estábamos… prácticamente imposible, no teníamos ningún tipo de referencia más allá de diez o veinte metros. De todas maneras seguimos remontando por pindias pandas de yerba por fuera y a la derecha de la Canal de Malluengo.
A 1.585 m. encontramos un sedo. Sabíamos que a esa altura entrábamos en Los Truéganos y había que acometer una travesía a la izquierda hasta llegar a una collada detrás de una “vistosa aguja” (no veíamos nada de nada) para encarar ya la Canal de las Grajas. Remontamos el Sedo y a continuación nos metimos en el Canalón.
Mirando hacia abajo.
Intuimos que ese “fantasma” que se vislumbraba a nuestra izquierda, podía ser la aguja de referencia, y hacia allá fuimos.
¿Seguimos o no?... la vuelta no era complicada y teníamos tiempo de sobra... Continuamos y dejamos la aguja a nuestras espaldas.
Encontramos otro punto de referencia que nos daba confianza de estar en el camino, un profundo canalón provocado por las lluvias, así que seguimos remontando por el pedrero, haciéndonos la misma pregunta sin verbalizarla ¿daríamos con la horcada?
Esta blancura lechosa... nos convierte también en otros fantasmas...
A ciegas como estábamos, y a 1935 m. nos dio la impresión de que esta pequeña horcada pudiera ser el paso que comunicaba con la Canal de Argumoso: la Celaína Roque.
Justo en ese punto nos encontramos con dos canalones, escogimos el de la derecha que tenía un nevero en su base, ya que su pendiente era menos pronunciada, y sin recorrerlo hasta el final salimos por la izquierda aprovechando una trocha de rebecos. Continuamos remontando por pedreros hasta llegar a un pequeño hoyo ocupado por un nevero (2.040 m.) que daba entrada a una recta canal que se fue haciendo cada vez más angosta.
Y por la que accedimos ¡por fin! al resplandor que nos anunciaba la cercanía de la Horcada del Pino Cimero.
¡Y la luz se hizo!
Dejamos atrás el mundo de la NADA...
Parece que nos vigila alguien.... ¿o nos estará protegiendo?
Viniendo de las profundidades de este mundo de fantasmas, la cálida visión de la conocida Canal de Lechugales, reconforta nuestro ánimo que hasta aquí estaba un poco constreñido entre tantas tinieblas.
Cuando a final de marzo subimos la nevada Canal de Lechugales nos había parecido factible el paso desde esta canal a la Hda. del Jierro por una zona que está encima de unos resaltes, así que antes de que el “telón” se cerrara de nuevo, trazamos una línea imaginaria hacia nuestro próximo destino: la Horcada del Jierro.
Lo que vamos dejando atrás… la Horcada del Pino Cimero.
Un rebaño de ovejas pastando tranquilamente ajenas a los abismos de Lechugales.
La niebla todavía nos deja mirar atrás... la Horcada del Pino Bajero.
La subida que desde la Canal de Lechugales lleva hasta la Horcada del Pino Bajero... ¿es eso... un camino?
Y ya en la Horcada del Jierro, como si la niebla supiera que había sido lo suficientemente considerada con nosotros, nos vuelve a envolver en su mundo de blanca lechosidad y nos empuja a descender sin prisa pero sin pausa por la Canal del Jierro, a la búsqueda de los verdes pastizales de Áliva.
Y hasta ellos llegamos… después ya solo nos quedaba bajar hasta Espinama… rumiando multitud de buenas sensaciones y entre ellas iba ganando fuerza el presentimiento de que no podríamos escaparnos a repetir de nuevo este agreste recorrido… sentíamos la necesidad de quitarles el velo de niebla a todas las figuras fantasmales que hoy nos habían acompañado…
Saludos y esperamos que disfruteis... aunque no fue el mejor día para hacer fotos

