En la tarde del viernes, el trío expedicionario se puso en marcha en Pan de Carmen. Como puede verse en las imágenes, la ascensión a Vegarredonda supuso una dura lucha contra las adversidades atmosféricas
A duras penas entre la niebla y el viento, los aventureros encontraron las fuentes de La Rondiella, en las que reparar las pérdidas salínicas de su ¡terrible esfuerzo!.
En la mañana del sábado, los tres expedicionarios tuvieron que hacer frente al peligroso enemigo que ascendía por Junjumia
En pocos minutos tuvieron que resolver un complicado interrogante: ¿tenían posibilidades de burlar al enemigo? Y si las tenían, ¿qué ruta tenían que seguir? En esa tesitura, los expedicionarios eligieron la estrategia del despiste: adentrarse en el terreno más comprometido en caso de niebla, el que une Vegarredonda con Vega de Ario a través del Cojurtao.
Así decidido, los tres montañeros suben por el Caleyón del Francés mirando de reojo la niebla que les pisa los talones.
Aún así, su curiosidad topográfica les hace desviarse para contemplar la plácida belleza de la vega – poljé de Justigallar. Apenas unas palabras de admiración, y el enemigo que asoma clausurando el espectáculo.
La amenaza se cierne sobre ellos, pero el horizonte despejado de las cumbres mantiene su esperanza de poder despistar a su perseguidor. Con esa esperanza, continúan su marcha hasta el alto de El Resquilón
En el alto del Resquilón, el hito que lo corona parece la obra de un montañero del megalítico.
Mientras la niebla acecha, los tres expedicionarios tienen ante sí un panorama pétreo tan gris como su enemigo. Al fondo de la masa gris destaca la silueta de otro hito-menhir. Atribulados por la prisa, hacia él se dirigen por el camino “más recto”.
Pero como en otros órdenes de la vida, el camino recto no suele ser el camino correcto. Lo correcto hubiera sido elegir bien las curvas y los desvíos pasando bajo el Porru Perullu. Pero claro, ¡a saber cuál es el Porru en ese caos!. En su defecto, el trío aparece por no se sabe donde, sobre una plataforma desde la que contempla la apetitosa vía de escape del valle de El Resecu.
Desde ese punto, una nueva línea de hitos les va orientando en una mala bajada hacia la cabecera del valle.
Una vez en la cabecera, se supone que en el lugar conocido como Vega de las Perdices, los tres expedicionarios inician una discusión tan agreste como el paisaje que les rodea. Una parte quiere escapar por El Resecu. La otra quiere otear el panorama desde el palo mayor del Cojurtao. Se lanzan amenazas. Al final, se impone subir al palo mayor con la posibilidad de colgar allí mismo al inductor de la idea si la cosa se pone fea. En ese momento, no se sabe si con renovado ímpetu o con monumental mosqueo, el trío acomete la subida por la vía más directa desde las Perdices.
Bien acomodados en lo alto del palo mayor, no dan crédito a lo que ven sus ojos:
ni al paisaje despejado de la Vega de Aliseda, con la niebla despistada por otras vegas y gargantas lejanas.
ni a los hitos comestibles que el GGM va dejando en los puertos estratégicos del mar de Picos.
Pero al poco, su confianza se torna en temeridad. La niebla les avista en su atalaya y se lanza hacia ellos con endiablada rapidez. Así que como almas perseguidas por el terrible diablo que es la niebla en estos parajes, enfilan pedrero abajo por el Canalón del Cojurtao con el enemigo nuevamente en los talones. Su obsesión en ese momento es saber quién llegará primero a la entrada del valle de El Resecu.
Para su suerte, la niebla se detiene en su persecución. A su espalda, aparece el trazo franco y limpio del Tajo de El Resquilón. A la vista de ello, el trío relaja sus pasos y se contagia de la placidez vacuna para ir caminando con tranquilidad hasta dar con la fuente de El Resecu.
No obstante, la niebla no ha dicho su última palabra. Y hete ahí que reaparece tras de ellos cuando el estrechamiento del valle les introduce en el mismo cauce casi seco del río.
A partir de ahí, un entretenido tránsito entre las piedras del cauce les lleva hasta la Vega del Bricial. Un pequeño remonte por la izquierda. Un último descenso entre matorrales y hayas y los tres expedicionarios que llegan a la Vega de Enol a la altura de La Escampada.
Un rato después, la niebla lo envuelve todo.
Pero en ese momento ellos ya tienen buenos motivos para decir que han conseguido burlarse de ella
Salud...os y un consejo-moraleja: si consigues burlarte de la niebla es probable que sea la última vez que te rías de ella



