Año tras año emprendíamos temerosos, esos “viajes de conocimiento” a través de todas esas Canales que se dejaban caer al Cares, unas abiertas y expuestas a todos los ojos... otras más escondidas.
En este gran viaje hay una que inconscientemente dejábamos para otra ocasión, la Canal de Saigu. Cada vez que leíamos en ese gran libro de Paco Ballesteros su relato sobre ella, siempre nos causaba un cierto desasosiego.
Todavía no sabíamos que 24 horas antes Antonio: y Alfonso habían salido indemnes de su particular viaje por los entresijos de este gran caos de piedras.
Al comenzar decidimos no encaramarnos todavía a la herbosa loma que se alzaba a la izquierda del Gran Argayo, y nos introducimos de lleno en el vientre del mismo.
Allá arriba grandes bloques, guardianes de este mundo de caos, nos vigilaban en nuestra aproximación.
“Podían levantar sus iras contra nosotros lanzando sus pétreos proyectiles”... eso pensábamos cuando un gran rugido inundó nuestros oídos confirmando nuestros peores pensamientos.... ¡Que no, que no pasa nada! ¡Solo eran unas montaraces cabras correteando por los dominios de su pedrero!...¡Tanta imaginación va a acabar con nosotros!
En medio del Caos el tiempo discurre de otra manera, las horas pasan rapidamente y nuestro ánimo va en alza a medida que Saigu nos va dejando conocer su oculto mundo. Nunca antes nos habíamos encontrado con unos bloques de tal tamaño por lo que la fuerza que en su día los desgajó de su primitivo emplazamiento tuvo que haber sido enorme.
Los grandes bloques apenas se sujetan unos a otros y muchas veces entre ellos solo hay unos centímetros de contacto. Desconfiados, a pesar de que Saigu nos ha dejado llegar hasta aquí, emprendemos la “huida” hacia la ladera de la izquierda justo en la desviación de la Canal de Llamero.
Seguimos subiendo... ahora ya más tranquilos de no sentirnos presas de un nuevo derrumbe, pero no de nuestro equilibrio y nos convertimos en “torpes rebecos” que a cuatro patas intentan dar más pasos hacia arriba que hacia abajo, primero en el cementado y pindio terreno que se alza a una considerable altura sobre la riega y después en la herbosa playa que encerrada entre paredes solo nos deja una salida: un primer sedo que por la derecha nos lleva hasta el Sedo Los Arandanales.
En el primer sedo
Atrás queda el Caos aparentemente dormido como un volcán apagado ¿por cuánto tiempo?
La subida que hicimos por El Sedo Los Arandanales.
En el Sedo Los Arandanales el pasado se vuelve presente y trazamos nuestro camino a la búsqueda del oxidado “amuleto” con el que nuestros esfuerzos se verán recompensados: LA HERRADURA, testigo mudo de otros esfuerzos, otras vidas... otras historias.
Superado el Sedo descansamos sentados en la fresca yerba mientras nuestros ojos recorren el fondo de Saigu llegando incluso a ver el techo anaranjado del casetón y nuestra mirada va desde las agrestes caidas de Sabugo a las alturas del Cueto Albo y del Trave.
La visión que desde aquí tenemos del mundo de Los Arandaneles nos transmite más tranquilidad que temor, incluso el imaginario itinerario no nos parece tan poco practicable ¿serán cosas de la euforia?
¿Serán los guardianes del “Gran Argayo”?
A continuación entramos en la Canal de Fuentes de Rama recreándonos en su verde cauce solo roto en el centro por su estrecho y cómodo pedrero del que a veces mana un hilo de agua y pensamos en su bello nombre “Fuentes de rama”... ¿será ésta la recompensa por haber salido indemnes del Caos?
Llegamos a la muria que a modo de frontera separa dos mundos, dos universos... ¿el cielo del infierno?
Al otro lado la apacible pendiente de yerba corta y jugosa nos espera y la recorremos a través de un cómodo sendero que nos lleva hasta el nevero que habitualmente ocupa la parte final de Fuentes de Rama: la Horcada Los Bueyes.
Y como casi siempre ocurre con los toponimos al llegar a la Horcada en lugar de un buey nos da la bienvenida... una vaca.
A diferencia del G.G.M., no llevamos con nosotros el “néctar de los dioses”, no sea que a la bajada nos hagan el control de Alcoholemia…pero tampoco nos lo montamos mal ya que disponemos de nuestra nevera particular.
Fuimos cresteando desde la Horcada los Bueyes hasta el Collado Cuerno.
Un poco más arriba del Cdo. Cuerno, nos asomamos a los Arandanales y lo primero que nos impresiona es ver la verticalidad que presentaba desde esta perspectiva la tranquila Canal de Fuentes de Rama, pensamos que si antes de emprender este viaje hubiéramos visto esta imagen no nos hubiéramos atrevido a realizarlo...
Llegamos a ver el Sedo de los Arandanales allá abajo.
Seguimos descendiendo por Cuestas Sagradas... caminos repetidos mil y una veces... pero visiones irrepetibles para cada caminante.
Por fin llegamos a Los Collaos y el mundo terrenal del Cares nos acoge esta vez agradablemente ya que a estas horas pocos son sus habitantes. Envueltos en un calor de estío a pesar de estar en primavera, reflexionamos sobre el mundo de las Canales que hemos recorrido y sobre las sensaciones que una u otra nos han dejado.
Sentimos que la huella del Gran Argayo ha hecho mella en nosotros y tenemos la sensación de que esta gran cicatriz ha inflingido una profunda herida a la belleza primitiva de la canal.
La naturaleza nos ha mostrado su cara más destructiva en Saigu, que hoy se nos ha revelado impresionante, puede que menos bella que en nuestros pensamientos... pero más viva que nunca.
Desnivel: 1.550 m. desde La Trapa.
Horas (sin contar descansos):
La Trapa-Inicio Canal 1 h.
Inicio Canal-Fin Sedo Arandanales 2 h. 50 min.
Fin Sedo-Hda. Los Bueyes 1h
Hda. Los Bueyes-Cdo. Cuerno 1h. 20 min.
Cdo. Cuerno-Los Collaos 1 h. 35 min.
Los Collaos-La Trapa 30 min.
Total 8 h. 15 min.
Espero que os sea de utilidad y que complemente el post de Antonio: y Alfonso, los otros “arrebecaos”
