O sea, que para allá que me fui, al Collado del Cuerno. Es un collado de perfil difuso (me temo que yo me asomé por encima de su verdadera posición). No es el lugar de paso de ninguna ruta conocida. No se conserva ningún sendero que llegue hasta allí por ningún lado. Quizá sea por todo eso que carece del pedigrí de otro collado con el que se mira de frente: el Collao Cerrado.
Sin embargo, por todo eso y algo más el Collado de Cuerno era un partido atractivo para un "hombre en pena". Su vista sobre el Cares es imponente y no envida a la que disfruta su pariente el Cerrado. A diferencia de la subida a éste, aquí la panorámica se va obteniendo poco a poco a medida que ganas altura. Pero cuando se llega arriba, también te recompensa con una soberbia impresión. Es la impresión de asomarte a uno de los lugares más terribles de Picos: Los Arandanales. En su libro sobre el Cares, así califica Paco Ballesteros a ese lugar. Y José M. lo corroboraba en el foro subrayando que es uno de los más peligrosos, donde se despeñan hasta las cabras.
Pensando en algunas conversaciones con foreros de apetitos “infernales”, y habiendo visto lo que hay al otro lado del Collado Cuerno, se me ocurre que ésta bien podía ser (¡eh Dani!) una de las puertas al Érebo. Sin duda, éste era el motivo profundo de mi atracción.
No obstante, una vez en el Collado decidí que de momento el Érebo seguiría esperando mi visita. Así que me fui cresteando hacia la Horcada de los Bueyes, rodeando el Cabezo Llerosos por su lado sur.
Tras reponer energías y obtener permiso de las vacas para compartir (a prudente distancia, eh!) el verde lecho de la horcada, me dejé llevar por la tentación de visitar a Beresna, pues no me pareció que su tentación fuera maligna. Y una vez allí, la opción más razonable y cómoda era seguir camino hacia Ostón por Vega Maor, completando un largo y durillo circuito con apreciable desnivel.
Dicho lo cual, y como ya estaréis hartos de palabros, os pongo el testimonio fotográfico
La majada troglodita de Abeyares retornando poco a poco a sus orígenes pétreos
La Garganta empieza a mostrar sus atributos divinos
A estas alturas, el Murallón de Amuesa se nos hace punki y le asoma la cresta del Albo.
Los pastos de Pregüeles y Ondón desde Cuestas Sagradas (teniendo en cuenta la selva de brezo que cubre las cuestas, transitar por ellas parece el castigo por una profanación)
Monte Llué: recuerdos de una desbandada reciente.
Si la vistas desde la ventana son un lujo, he encontrado el hogar ideal.
Pero en este entorno, (casi) todo vestigio humano es una ruina (Cabaña de Las Envernadas: ¡qué diferencia de la foto de Paco en su libro!)
Los Arandanales desde (un lugar próximo a) Collado Cuerno: ¿será ésta una de las residencias de Hades?
Las Canales que vierten a Saigu: Llamero y Fuentes de Rama
La Garganta y sus Guardianes Macizos desde (más o menos) El Cuerno.
Guardian central
Guardian occidental
Los Arandanales desde la cresta que bordea Llerosos por el sur.
La canal de Saigu por la que Hades calma su ira lanzando argayos al Cares
Mi camino por la cresta
En un momento de duda, nada mejor que un animal inteligente para indicarte el camino correcto
La Horcada de los Bueyes (eso creo) sobre Fuentes de Rama
La clásica visita colectiva de fin de semana a El Cabezo Llerosos
La tentación benigna de Beresna
Beresna y otra entrada al Érebo
Un pequeño apartamento bien integrado en el entorno
Canales del Central: ese mundo de tentaciones
Si se trata de canales terribles, me pregunto (Paco): ¿cuál será esa canal donde te llegaste a despedir de la familia?
Vega Maor: las que se resisten a morir os saludan!.
Las entrañas de Picos apenas echan agua: ¿será cierto que se están volviendo un infierno?
Salud...y que Hades no os ¨declare la guerra, amigos.





