A mí me gustan todos los lugares de los Picos, me da igual el macizo, pero tengo especial predilección por un par de cumbres que no son nada relevantes, pero si muy acogedoras y...¡menudas vistas....! Una es Cabeza Llambria, muy cerca de Vega de Ario.
El 24 de junio, David León y Víctor Puertochico mantenían este diálogo:
David León: Ese mirador del que habláis, ¿es Cabeza Llambria?
Puertochico: Si David, estuve en Cabeza Llambria y aquello es para volverse majara. De un lado para otro por toda la cresta. No sabes donde quedarte.
A lo que José m. añadía:
Cabeza Llambria.... eso si que es un mirador. No me extraña que te volvieras loco de un lado a otro. Lo extraño es que carece de publicidad. Qué raro....
No obstante, siempre hay sujetos dados a lo raro, así que este lunes sentí un ataque de rareza y me fui para Cabeza Llambria.
Mi camino empezó en La Trapa hacia las 8. Buena hora para hacer el camino del Cares sin que un baño de multitudes me devolviera a la “normalidad”.
En la canal de La Raya me despido de la horizontal.
Atravieso el hermoso encinar del Monte la Ardinal
y “desemboco” en la reconfortante fuente de Valdelafuente.
(Como ya dijera Carlinos, para llegar a la fuente hay que echarse a la derecha antes de cruzar el cierre de piedras de Ostón)
Con su verdor intenso de primavera, la majada de Ostón me incita a convertirme en vaca. Pero me temo que eso ya sería un exceso de rareza y opto por continuar camino sobre dos patas.
Por debajo de mí, la niebla se aplica en su mágico juego de la desaparición de los objetos, pero para mi suerte parece poco interesada en engullir sujetos por las alturas
Tras pasar una cabaña semiderruida, giro a la izquierda para ascender hacia lo que supongo que es la Canal de Montuco (o de Montico).
Al poco me adentro en un confuso mundo de garmas y de Cabezas invisibles, que me vuelve majara inventando trazados sinuosos para librarme de grietas y evitar las pérdidas de altura.
Después de muchas dudas sobre el trazado más conveniente, me dejo seducir por los hitos esporádicos que me indican la dirección de la Vega de Ario y acabo apareciendo sobre los Jitos de Ostón, con el Jultayu a la vista.
En ese momento, y desviado, pues, de mi objetivo, sufro el mismo estado majara de Puertochico para decidir a qué Cabeza encaramarme para saciar el apetito. Y como el hambre de tortilla con chorizo aprieta más que el apetito visual, paso por la Cabeza del Covu y me trinco el bocadillo en el punto más alto de la Cabeza del Verde (supongo) con el mundo de Cabrerizas a mis pies. .
Hecho lo cual, la vista queda liberada del estómago para sumergirse en el espectáculo visual que ofrece la Cabeza de las Cabezas, o sea la Cabeza Llambria. Que como dice Jose m., esa “sí que es un mirador” (afortunadamente rrrraro, rrrrraro.....)
Con la vista más saciada que el estómago, inicio el descenso hacia Ostón aprovechando el dominio que me ofrecen las alturas para elegir un trazado mucho más directo. De vez en cuando vuelvo la cabeza atrás para fijar en la memoria el difuso perfil de la Cabeza Llambria.
Del resto del camino ya no hay nada raro que contar.
Algunos encuentros con los seres más normales del lugar.
Y un seguir bajando metros de regreso a la normalidad.
Salud...os

