por Adolfo Cuetara » Mié Dic 26, 2007 10:28 pm
“Cuanto más subía, más cómodo me encontraba. Todo lo que me unía al mundo, eran seis delgadas puntas de cromomolibdeno clavadas un centímetro en un borrón de agua helada, y aún así empecé a sentirme invencible, liviano..." "Cuando empiezas una escalada difícil, sobre todo si es en solitario, estás atentísimo al abismo que tienes a tus pies. Sientes su llamada constantemente, su inmenso apetito. Para resistirlo hace falta un esfuerzo consciente tremendo; no te atreves a bajar la guardia un segundo. El canto de sirena del vacío te pone al límite, hace que tus movimientos parezcan provisionales, torpes, a tirones. Pero a medida que se va escalando, te acostumbras a la exposición, a codearte con el destino, y llegas a creer en la solvencia de tus manos y pies y cabeza. Aprendes a confiar en tu autocontrol.
Al poco rato, tu atención está tan concentrada que ya no te das cuenta de los nudillos desollados, los tirones en las piernas, el agotamiento de mantener una concentración constante. Una especie de estado de trance coloniza tus esfuerzos, la escalada se convierte en un sueño con los ojos abiertos”.......”En momentos así, en tu pecho late algo parecido a la felicidad, pero no es conveniente detenerse mucho en esta sensación. Escalando, toda la empresa se mantiene unida por poco más que descaro, y no precisamente por el adhesivo más potente. Más tarde, ese día, en la cara norte del Pulgar, sentí que el pegamento se desintegraba con un simple lanzamiento de piolet.”
La frase esa con la que titulas tu mensaje, Maquis, estaba escrita en el relato que hizo Jon Krakauer de su ascensión al Pulgar del Diablo, en Alaska, y al que pertenecen las líneas anteriores.
Al leerlas reconoces esas sensaciones, sabes exactamente a qué se refiere, y por eso sabes que volverás.
Cuando a Krakauer le dejaban en la solitaria playa desde la que debía partir a través del glaciar que le separaba del objetivo que se había fijado, le advirtieron: “En Alaska, todo lo que te pase a ti es culpa tuya”.
En un tiempo en que parece que todo está controlado, que las responsabilidades de uno mismo siempre las tiene otro, que la culpa siempre es del tiempo, de las piedras, del mapa, de la señal mal colocada, del gps, de la cobertura....... parece oportuno hacer ver que vivir se sustenta sobre la consciencia de que no hay mayor libertad que depender de uno mismo y que de una manera u otra, todo lo que nos ocurre es consecuencia de las decisiones que tomamos, y no saber lo que va a ocurrir no nos exime de la responsabilidad de lo que nos ocurra.
Tu experiencia, creo, lleva estas reflexiones a la dura realidad.
La ausencia de cobertura telefónica, de emisora en Cabaña Verónica y, sobre todo, de Mariano, eleva la exposición de cualquier actividad en esa zona casi a los tiempos de Schulze. Sólo el GREIM irrumpe y nos devuelve al 2007.
A pesar de lo que ha ocurrido o, gracias a ello, muestro mi admiración hacia ti por empezar a contar lo ocurrido con esa frase, pues en los tiempos que corren no es el camino fácil adentrarse en invierno en los Picos de Europa con esa idea en la cabeza, aunque la única que muestra honestidad con uno mismo.
Reposad, Maquis, Redes, curad vuestras heridas, y volved más fuertes. Os esperamos.
Un fuerte abrazo.