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Fue la primera nevaduca de la temporada la que me dio el empujoncito que necesitaba: “espabila, que se te pasa el arroz”. No podía dejarlo pasar otro año. Le dije a un amigo “no puedo esperar, estoy loco, voy mañana “, y unas horas después estaba en Brez.
Una gran parte del recorrido ya lo han explicado sobradamente otros compañeros en reportajes anteriores, el último Antonio: hace bien poco, así que intentaré no ser pesado.
Hacia Las Arredondas. Silla Caballo me mira desde lo más alto.
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Los restos de Las Cabañas de Lon. ¡Quién pudiera ver estos parajes bullendo de rebaños de nuevo!
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Hasta aquí conocía de cuando bajé del Río de La Arena. A partir de ahora entro en terreno desconocido para mí, e intento captar todos los detalles. Desde El Escaleru contemplo un sinfín de agujas, espolones y canales:
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Ya en Malluengu, el teleobjetivo me acerca a Silla Caballo. Pero es algo ilusorio, queda muy arriba todavía.
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Los pastores no utilizan los términos “Canal de Malluengu” y “Canal de Los Truénganos” (como se señala en algunos mapas) sino Malluengu y Los Truénganos a secas. Malluengu se refiere a las laderas de pasto situadas tanto por encima como por debajo de la airosa aguja que destaca en el centro de esta vertiente, aguja que recibe el nombre de Morra o Pica Malluengu. Por encima de Malluengu quedan Los Truénganos, esto es, el conjunto de complicados canalizos que caen de Silla Caballo y el Collao Los Cardos hacia el SE, y por donde yo intentaré buscar un camino.
El collado que forma la Pica Malluengu, a unos 1640 m, es uno de los pocos lugares con cierta horizontalidad, un lugar perfecto para tomarse un respiro. Es la Sala Malluengu:
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Aprovecho para estudiar Los Truénganos y empiezo a preguntarme si de verdad habrá paso a través de ese laberinto. Estoy impaciente por averiguarlo
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Sigo elevándome por Malluengu hacia Los Truénganos. Parece que este topónimo se aplica a lugares donde brota agua, por lo menos después de llover. Así lo explica Ramón Sordo Sotres en su libro “Toponimia de Asturias, Cantabria y León”. Y efectivamente, a unos 1740 m, me encuentro unas llambrias donde mana el agua de varios puntos:
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A 1950 m, la ladera se estrella contra la pared y empieza “lo divertido”. A la izquierda, un estrecho canalón sube directo en busca del Collao Los Cardos. Del lado contrario, a la derecha, una empinada rampa asciende hasta las alturas de La Graja. Y de frente, el conjunto de muros y repisas por el que debo encontrar un camino.
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Los Truénganos es el paraíso de los rebecos, que campan a sus anchas por doquier, demasiado nerviosos para mi gusto. Mientras trepo fácilmente los primeros resaltes me echo cuerpo a tierra esperando poder evitar sus proyectiles. Momentos de tensión en los que, mientras las piedras pasan zumbando, siento que tengo una diana de cien metros en la cabeza…
A continuación llego a un terreno menos expuesto y muy sencillo, por el que se sube rápidamente. No hay pérdida, el rumbo viene marcado por la vertical pared meridional de Silla Caballo.
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La Pica y la Sala Malluengu quedan ya muy abajo:
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Y ya tengo al alcance de la mano el primer tramo de la canal objeto de deseo:
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El segundo tramo está literalmente infestado de rebecos que me miran desde lo alto con aviesas intenciones. También observo el lugar por donde había estudiado que podía haber paso hacia el Collao Los Cardos:
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Logré convencer a todos los rebecos de que fueran buenos y emigraran hacia la izquierda.
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Tras lo cual comprobé que en efecto se llega fácilmente al Collao Los Cardos.
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Desde donde hay una buena vista de la Morra de Lechugales.
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Desde el collado, el descenso hacia la Canal de Lechugales parecía peliagudo pero lo que sí se veía factible era continuar por la cresta hasta la cima de Silla Caballo. De todas formas, regresé a la canal para completar la línea. Por aquello de la elegancia
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Los últimos metros:
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En los que encontré esto. No sé si llamarlo reliquia o basura, me inclino más por lo segundo:
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Por fin llego a la cresta cimera y echo un vistazo atrás, al lugar por donde acabo de subir. Tanarrio se vislumbra al fondo a la derecha.
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Unos pocos metros me separan de la cima. Por cierto, nunca había estado en ella
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El descenso por la Canal de Lechugales me resultó muy entretenido pues intenté grabar en la memoria el mayor número posible de detalles de lo que me rodeaba. No sin antes echar una última mirada atrás, tomé el camino que, por los Invernales de Brañes y de Rojes, me devolvió a Brez , cansado pero contento.
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PD1: Esta excursión se la dedico a Pucavi. Él ya sabe porqué
PD2: Gracias a todos los compañeros del foro a través de cuyos reportajes he descubierto esta vertiente del Oriental. De no ser por ellos, seguro que no habría escrito estas líneas.
¡Hasta pronto!

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